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El imperio de la sodomía

 

Acaban de aparecer en las marquesinas publicitarias del ayuntamiento de Montcada i Reixac, perteneciente al que fue en tiempos católico Principado de Cataluña, unas marquesinas en las que se hace patente y descarada publicidad de la sodomía, tal y como se puede ver en la foto.

El Catecismo de la Iglesia Católica dice en su punto 1867 literalmente lo siguiente:

La tradición catequética recuerda también que existen “pecados que claman al cielo”. Claman al cielo: la sangre de Abel (cf Gn 4, 10); el pecado de los sodomitas (cf Gn 18, 20; 19, 13); el clamor del pueblo oprimido en Egipto (cf Ex 3, 7-10); el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano (cf Ex 22, 20-22); la injusticia para con el asalariado (cf Dt 24, 14-15; Jc 5, 4).

Como se puede comprobar, la Iglesia mantiene vigente, porque no podría ser de otro modo, la enseñanza sobre los pecados más graves, los que ofenden de un modo particular a Dios violentando directamente el orden natural y moral por Él establecidos: matar al prójimo voluntariamente, oprimir al más débil, defraudar o retener el jornal del que vive de la fuerza de sus brazos, y el pecado de los sodomitas, que se llama nefando, es decir, del que no se debía siquiera hablar, por lo que cuando era necesario aludir a él se hacía de un modo elíptico. El pecado contra la naturaleza.

San Pablo manda que ciertas cosas “ni siquiera se nombren entre vosotros”, tales como “fornicación, y cualquier impureza o avaricia” (Ef. 5, 3).  Y urge a proceder: “No digo con los fornicarios de este mundo en general, o con los avaros, ladrones o idólatras, pues entonces tendríais que salir del mundo. Mas lo que ahora os escribo es que no tengáis trato con ninguno que llamándose hermano sea fornicario, o avaro, o idólatra, o maledicente, o borracho, o ladrón: con ese tal ni siquiera toméis bocado”. (Cor. 5, 10 y ss.)

 

Y la Iglesia explica que estos pecados claman al cielo porque su iniquidad es tan grande y manifiesta que provoca a Dios a castigarlos con los más severos castigos.

Frente a estas palabras, nadie que se considere católico podrá permanecer indiferente. Ni siquiera los modernitos que dicen que la Iglesia está viejuna y necesita actualizarse, pues la edición del Catecismo de la Iglesia Católica que estoy manejando es de 1992 y desde entonces se han hecho sucesivas reediciones del mismo.  Y lo que dice está claro, llama a la sodomía pecado nefando, del que ni siquiera se debería hablar de él: “ni siquiera se nombre entre vosotros”. Y resulta que no sólo se nombran, es que se publicitan, y se hacen fiestas y cabalgatas, y los que lo practican se llaman a sí mismo orgullosos (otro pecado). ¿Orgullosos de qué? ¿De retar a Dios como lo hizo Lucifer? Allá ellos, pues al final con Lucifer se encontrarán si no se arrepienten a tiempo. Pero para los católicos, los consejos del Apóstol son tajantes: “Mas lo que ahora os escribo es que no tengáis trato con ninguno que llamándose hermano sea fornicario, o avaro, o idólatra, o maledicente, o borracho, o ladrón: con ese tal ni siquiera toméis bocado”. Y siguiendo esta lógica, no sólo no se puede tener trato, es que no se les puede seguir el juego, ni colaborar con nada relacionado con el nefando pecado. Por ejemplo, no se puede pertenecer a un partido político que promueva tal pecado, ni que lo tolere haciendo la vista gorda, ni tampoco se le puede votar, ni hacer publicidad en pro del mismo, porque se trata de un pecado que CLAMA AL CIELO.

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