Ahorro de energía: el gobierno no confía en la sociedad
(Por Carlos Ibáñez) –
Para empezar, he de informar a los lectores de Ahora Información, que mi vida profesional se ha desarrollado como Ingeniero Industrial, desempeñando mis trabajos en Altos Hornos de Vizcaya, empresa siderúrgica.
En 1973, como consecuencia de la guerra del Yom Kippur, los Países Árabes restringieron la producción de crudo, con lo que los combustibles experimentaron una subida considerable. Mi director me encomendó un estudio sobre las posibilidades de ahorro de energía en las distintas factorías de la empresa. A ello dediqué varios meses, enriqueciendo considerablemente mis conocimientos sobre la materia.
Meses después llegó a la empresa una orden del Ministerio de Industria pidiendo que realizáramos un estudio sobre las posibilidades de ahorro de energía en nuestras instalaciones. Enviamos el que ya habíamos hecho.
Como en la década de los setenta del pasado siglo, en los organismos del Estado aún había algo de sentido común, no nos impusieron una ley diciéndonos cómo teníamos que ahorrar la energía. El personal del Ministerio de Industria daba por supuesto que de ello sabíamos más que ellos. Nos ordenaba que pusiéramos en practica nuestros conocimientos. En rigor, ni siquiera necesitaba ordenarnos que hiciéramos lo que ya teníamos hecho.
El episodio nos lleva a una reflexión sobre uno de los puntos en que los tradicionalistas venimos insistiendo desde hace más de un siglo: que el Estado no se imponga a la Sociedad.
De manera muy distinta se está comportando en gobierno de Pedro Sánchez. Ha promulgado una ley que dice a los ciudadanos cómo deben actuar para ahorrar energía y dicta unas normas de obligado cumplimiento bajo severas penas pecuniarias.
La ley ha sido discutida en el Parlamento. Unos partidos la han apoyado y otros se han opuesto a ella. Su posición no ha obedecido a discrepancias sobre la ley en sí, sino a posturas previas derivadas de pactos políticos. En una palabra: a ideologías.
Y ahí vemos, una vez más, lo absurdo de este sistema democrático. El ahorro de energía es algo que conviene a todos. Se puede lograr aplicando las leyes de la física. En éstas no caben las ideologías, y nuestros políticos no se ponen de acuerdo ni siquiera en ello. No hay motivos de discrepancia; pero nuestros políticos discrepan y cobran por discrepar.
Nosotros pensamos que el Gobierno no tiene capacidad para decirnos cómo hemos de ahorrar energía. Ésta se aplica en multitud de actividades humanas diferentes entre sí. En nuestro caso, hay que tener en cuenta el clima. Y éste es muy variado en nuestra Piel de Toro.
Otra tenía que haber sido la actuación del Gobierno, impulsando siempre el ahorro, pero dejando a los ahorradores la manera de hacerlo. Lo que el Gobierno ha demostrado es la poca confianza que tiene en la sociedad, al imponer como obligación algo que todos estamos de acuerdo en que es necesario. Apoyo mi afirmación en el episodio citado al principio, nosotros ya teníamos hecho lo que el Gobierno nos ordenó. En el momento presente, lo hace imponiendo unas normas que no sabemos si son convenientes, ni si se pueden llevar a la práctica.