San Ezequiel Moreno y Díaz, campeón frente al liberalismo (calendario litúrgico,19-VIII)
(Por José Fermín Garralda)-

Pero además de los fieles católicos del mundo entero, nosotros queremos dedicarle un singular recuerdo como debelador y campeón frente al Liberalismo ideológico aplicado a las vida personal, la sociedad y la política.
He aquí un santo procedente de la Rioja, porque San Ezequiel Moreno y Díaz nació en la localidad de Alfaro el 9 de abril de 1848, aunque falleció en el monasterio de los PP. Agustinos Recoletos de Monteagudo (Navarra) donde está enterrado.
Fue un fraile agustino recoleto, que ingresó con 15 años en el monasterio de Agustinos de Monteagudo donde estudió filosofía, a sus 18 años pasó a próxima Marcilla para estudiar teología, profesó en 1864, luego fue misionero, y al tiempo fue nombrado obispo de la diócesis de Pasto (Colombia), fronteriza con Ecuador, país éste dominado por la minoría liberal.
Aunque su vida fue misionera, residió en la Rioja y Navarra durante varios años. En Rioja durante su niñez, y en Navarra como estudiante de filosofía en Monteagudo, como rector de la comunidad de Monteagudo durante cuatro años tras estar quince de misionero en Filipinas (1870-1885) y, luego, por tercera vez, muy al final de su vida, donde falleció.
Después de misionar en Filipinas, en 1889 fue a Colombia a predicar el Evangelio con éxito en los Llanos de Casanare, región que fue elevada por León XIII a Vicariato Apostólico y al P. Ezequiel a primer vicario. Fue ordenado obispo en 1894 hasta su fallecimiento en 1906.
Ejerció el ministerio episcopal en la diócesis de Pasto (Colombia) de modo muy edificante, siendo un firmísimo defensor de los derechos de Dios, los católicos de a pie, y la libertad de la Iglesia frente a los liberales y el Liberalismo en todos sus grados.
Su carácter era dulce, amable y pacífico, y su obligación pastoral combinó eso con la claridad, la firmeza y energía por el reinado social de N.S. Jesucristo y la salvación eterna de las almas. Ordenó poner en su lecho mortuorio un letrero que decía: “El Liberalismo es pecado”. Así lo enseñó en sus extensos y numerosos escritos pastorales publicados en 1908, dos años después de su muerte. También se publicarán sus cartas o correspondencia privada.
Este aspecto lo omitió Mons. Cirarda en su pastoral del 10-X-1992, pues en ella sólo dice de San Ezequiel que en Pasto: “brillaron tanto su santidad personal como su recia entereza en la defensa de los indios contra sus explotadores y de la libertad de la Iglesia frente a Gobiernos laicistas”. Poco decir es esto sobre un verdadero campeón contra el Liberalismo en todas sus formas, y no sólo el liberalismo radical y perseguidor. Un campeón fue con la pluma, la predicación, el riego de atentado personal, la acción sociopolítica, ofreciendo a su vez medios y ánimos en la desgraciada guerra civil de los “Mil Días” contra el Liberalismo. Tuvo sus perseguidores y debeladores, pero el Papa León XIII le mantuvo en su pastoreo episcopal.

En Pasto dicen que se le llamaba cariñosamente “beatico” -benditos “beaticos”-, Pablo VI le elevó a la dignidad de beato el 1-XI-1975, y Juan Pablo II a los altares como santo el 11-X-1992. Su canonización se realizó en Santo Domingo el año del quinto centenario del descubrimiento de las Américas. A las celebraciones de canonización se trasladaron 117 personas, en una expedición organizada desde España, de ellas 15 de Monteagudo, 22 de Marcilla y 80 de Alfaro.
El santo figura en el calendario litúrgico de Navarra con oficio propio el 19 de agosto.
En la Comunión Tradicionalista Carlista se tuvo una devoción expresa por San Ezequiel, creo que promovida por don Carlos Ibáñez. En efecto, San Ezequiel se metió en política y exigió una política católica en Colombia, en contra de cualquier grado de liberalismo, no sólo el radical o perseguidor de la Iglesia sino también el moderado y los católicos resabiados. Cuando Juan Pablo II nombró a Santo Tomás Moro como patrono de los políticos católicos, los miembros de la CTC vieron él, debido a su condición de laico, el ejemplo más cercano para los políticos católicos. Santo Tomás Moro ofreció su cabeza al verdugo, y San Ezequiel se expuso al atentado.
San Ezequiel Moreno y Díaz, ruega por nosotros.

Texto 1º. Pasto, 1-II-1901: “El mundo actual pretende pasarse sin Jesucristo. El liberalismo radical lo rechaza en absoluto, y por eso grita sin rebozos: ¡muera Cristo!
El liberalismo manso, en sus diferentes grados, también lo rechaza mas ó menos y en proporción de los grados que mide del error maldito.
Los católicos resabiados cooperan á esa gran obra de iniquidad; y como queda dicho, si no fuera por éstos y los católicos liberales, Jesucristo reinaría en muchas naciones. ¡Qué responsabilidad tan horrenda!
Los pactos y alianzas con los malos los reprueba Dios y los aborrece (…). La gente de fe sencilla, inspirada por esa misma fe, juzga perfectamente en estos asuntos y ve con más claridad que algunos que se tienen por ilustrados, y por eso hemos visto que han rechazado con indignación ciertos procedimientos y han protestado contra ellos.
Pudiera decirse que nadie ha hecho tanto á favor de la revolución como muchos de los que se llaman católicos, que han pretendido matar era fiera á puros abrazos y cariños, y han desalentado para que la persiga con sables y rifles en momentos en que ella rabia de furor y trata de destrozarnos con toda clase de armas.
¡Ánimo católicos de veras, y perseverancia en la lucha¡ No os dejéis engañar de los que hablan de una falsa paz. Para muchos el gran mal es perder esa falsa paz del egoísta y las ventajas materiales; para el buen católico, el gran mal es perder la fe y ver que ésta desaparece de su tierra querida (…) Para el hombre que cree, ¿qué vale todo lo temporal, si ve en peligro los bienes eternos para los seres que ama?
Además, para que los pueblos y naciones sean dichosos en o que cabe serlo, “es necesario que reine Cristo”, dice el Apóstol (…).
Texto 2º. Pasto, 24-I-1903: “Antiguamente la táctica de Lucifer era desunir á los católicos, envidiando que fueran una sola alma para servir á Dios, y tuvieran todos ellos un solo corazón para amarle; pero hoy ha mudado la táctica, y trata de unir á los que deben estar separados, porque conoce perfectamente que cada paso que avance el liberalismo en el campo católico, es nueva conquista para él”.
Texto 3º. Pasto, 9-X-1904: “No decimos a los católicos que ataquen, pero si les decimos que se defiendan. Cuando hieran a un individuo en la mejilla, le aconsejaremos, con el Evangelio, que presente la otra; pero cuando se hiere a la comunidad cristiana en lo más sagrado que tiene, hay que decir á todos que defiendan esos intereses sagrados. Esta defensa, no sólo es natural, sino obligatoria. Los católicos, además, constituyen a mayoría de la Nación y tienen derechos indiscutible á ser gobernados á lo católico, y no á lo liberal. Triste cosa sería que los católicos se manifestaran cobardes ante la audacia de los enemigos de Jesucristo (…)”.
Texto 4º. Pasto, 27-I-1905: “¿Podían aceptar los católicos una concordia á la que se ponía por base un error impío? ¿Se admirarán aún algunos católicos de que no se admitiera la tal concordia, y de que se protestara contra ella?
Se puede comprender también de lo dicho que, cuando ciertos buenos católicos han hablado de concordia, no lo han podido hacer para aclamar esa concordia basada en un ERROR IMPÍO, ni aún siquiera para aclamar la unión de católicos y enemigos del Catolicismo, quia absurdum, porque es absurdo, como ya hemos dicho antes. La palabra concordia en boca de esos buenos católicos, extendida a todos los ciudadanos, sólo puede significar que no se promuevan guerras, que se respete la autoridad, que todos trabajen tranquilos, fomentando la industria, las artes, el comercio, la vías de comunicación y que todos vivan protegidos por los poderes púbicos en todo lo que sea justo.
Todos deseamos y queremos esa concordia; pero como muchos no fundan esa concordia en Dios, fuente de ella, hay que decir de nuevo con Pío X: “Muchas personas, impulsadas por el amor á la paz, es decir, de la tranquilidad del orden, se asocian y agrupan para formar lo que llaman el partido del orden. ¡Vanas esperanzas! ¡Trabajo perdido! Partidos de orden capaces de restablecer la tranquilidad en medio de la perturbación de las cosas, no hay más que uno; el partido de Dios“.
Léanse sus cartas pastorales y otros escritos de San Ezequiel, saboréenlos, récenlos, y la sana y santa intransigencia, en lo que hay que ser, fortalecerá las tendencias católicas que resurgen en España.
Autor de: Cartas Pastorales, circulares y otros escritos, Madrid, Imp. Hija de Gómez Fuentenebro, 1908, 599 pp.; Cartas y correspondencia; “Día feliz o la visita del sagrado Corazón de Jesús” (Tarazona, 1915, 12 pp.).
Bibliografia: varios autores que han publicado trabajos sobre San Ezequiel, como son: Fray Toribio Mingüella y Arnedo, obispo de Sigüenza (1909, 484 pp.) cuyo trabajo es el mejor por conocer muy de cerca al santo; Ángel Martínez Cuesta (dos libros en 1975 y 1992); Eugenio Ayape (un libro en 1994); Fernández de la Cigoña y Pérez Argón (un artículo extenso en “Verbo”, 1992) y José Fermín Garralda (ídem. en “Verbo”, nº 321-322 y 323-324, 1994; arts. en “Siempre P’alante” 1993 y Ahora-Información nº 35, 1998).
Hemeroteca: “La Avalancha”, revista quincenal ilustrada (Pamplona, 1916); “Diario de Navarra” domingo 11-X-1992, p. 54-55; Ídem. 1-XI-2000; Ídem. domingo 30-VIII-1992; Ídem. 18-X-1992; Ídem, sábado 10-X-1992; “La Verdad” diocesana de Pamplona-Tudela, nº 3008 (10-X-1992) y nº 3015 (28-XI-1992).
José Fermín G.
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